Permanecer de pie
En estos tiempos convulsos -tal vez todos lo fueron y nos parece que éste en el que ahora estamos nos inquieta más ya que todo va saliendo a la luz con mucha rapidez- una propuesta es estar en el intento de permanecer de pie.
La mente nos confunde y el cuerpo avisa, sino hacemos caso porque «estamos en otra cosa», sacude y, en las peores ocasiones, espanta.
Permanecer de pie, en el sentido de que sea cual sea el nivel de gozo o sufrimiento, supone una actitud firme y arraigada como lo están las raíces de un árbol, sabiendo que ese árbol no está solo ya que cerca hay otros árboles.
La comunicación entre ellos, según los estudiosos de esta especialidad botánica, se produce a través de las raíces, hormonas, incluso algunos investigadores afirman que utilizan hongos como mensajeros, un maravilloso entramado que deja con la boca abierta.
Nuestros árboles tienen la capacidad de compartir espacio, nutrientes y agua, comunicándose entre ellos incluso de las amenazas del entorno; algunas personas que se dedican al cultivo y cuidado de los bosques aseguran que existen lazos de amistad entre árboles contiguos, hasta el punto de que el fallecimiento de uno de los árboles «amigos» puede debilitar a otro cercano e incluso provocar su deterioro y muerte.
Estas comunidades arbóreas comparten un tejido colaborativo, su propia «red neuronal», permaneciendo de pie frente a las adversidades, donde prima la supervivencia del grupo antes que la del individuo.
Si llevamos esta red de comunicación vegetal al género humano, sentiremos que Juntos Somos Más Fuertes.
Me gusta quedarme con la imagen de permanecer de pie, entrelazados por hilos invisibles de comunicación sintiendo algo parecido a cuando entramos en un bosque y nos adentramos en ese magnífico Organismo Vivo que nos envuelve y nos Sana.
¡ Hay algo más hermoso que ver como crece la hierba en un lugar yermo ¡